Saltos
del Moconá
Misiones
Entre
el 27 de julio y el 4 de agosto organizamos, junto a “Aves Argentinas”
o “Asociación Ornitológica del Plata”, un viaje para ir en 4x4
por la selva para conocer alguna de las maravillas de la roja
tierra misionera: las cataratas del Iguazú y los saltos del
Moconá. Los objetivos del viaje son, no sólo llegar a cada lugar
para disfrutar los paisajes, sino aprender a mirar y conocer
nuestra flora y fauna tan desconocida por una gran mayoría...
En esa zona hay unas 500 especies de aves –el tucán, una gran
variedad de colibríes, el pájaro campana, el martín pescador
grande...- cada una con su característico plumaje y color,...
y pumas, iguanas, carpinchos, y, quizá algún yaguareté... Y
flora: muy espesa... es la selva paranaense donde encontramos
al pitiribí, la araucaria o pino brasil o pino paraná, helechos
arborescentes y tacuaras...
Pero
no voy a hablar del Iguazú –de la “agua grande”-... de las más
famosas... Porque si Misiones no tuviese a Iguazú, de todos
modos sería famosa por el Moconá, “el que todo lo traga”, en
guaraní. ¿Porqué? Porque es un capricho de la naturaleza...
Porque aún es poco conocido turísticamente, por su ubicación:
está escondido sobre río Uruguay –“uruguá-í”, “río de los caracoles”,
en guaraní y quizá por la infinidad de vueltas que tiene en
esa parte-, en el “codo” sur de la provincia de Misiones, después
de unos 80 kilómetros de un arcilloso y espeso barro rojizo-anaranjado
que, con lluvia, es un espléndido desafío para los aventuristas.
En sí, los saltos son de 2 a 3 kilómetros de largo en que, por
una falla geológica, el río cae de costado sobre sí mismo en
un largo salto de entre 3 a 17 metros de alto. Pero no todo
será 4x4: para ver bien este fenómeno, y si el río está más
bien bajo, hay que caminar entre media y una hora con el agua
justo ahí donde molesta más... un poco más bajo que la cintura...
o invertir unos pesos para una travesía en lancha aunque, eso
sí, sin seguro contra mojaduras...
Y
les cuento una anécdota que nos pasó en otra excursión... No
sé si saben, pero a los pájaros se les escucha más que se los
ve... porque la selva entrega sus secretos poco a poco... Entonces,
para atraerlos, se les imita con un silbido... o se pasa una
cinta de audio con el mismo criterio... Recuerdo que en una
salida de campo, uno de los guías nos hacía callar de pronto
y nos exigía silencio: buscaba algo entre la maleza durante
unos minutos y luego seguíamos... Al rato, otra vez, y así 4/5
veces... hasta que uno de los integrantes del paseo estalló
de risa: cada tanto, y sin decir nada, encendía su grabador
y reproducía el canto de un pájaro raro y esperaba la reacción
del guía que, obviamente, no se hacía esperar...
Brevemente:
muchos rápidos y arroyos, mucha selva y un lugar único para
un safari fotográfico... porque sin dudas, así como las cataratas
del Iguazú son las más lindas, los saltos del Moconá son los
más salvajes y agrestes...