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Una mina puntana

San Luis

 

Hoy presentaré una mina... una mina puntana, de San Luis. ¿Y porqué los de San Luis son “puntanos”? El verdadero nombre de San Luis –ciudad fundada en 1594 por Luis Jufré- es San Luis de Loyola, Nueva Medina de Rioseco de la punta de los Venados... significando “de la punta sur de la Sierra de los Venados”, -hoy Sierras de San Luis-. Generalizando, “¿Sos de San Luis? Sos puntano...”

Pero vayamos a “nuestra” mina: Los Cóndores... en Concarán, al noreste de la provincia: fue la mina de tungsteno más importante del país. ¿Y para qué sirve el tungsteno? En breve, con el hierro, produce una aleación de acero especial que se usa para fabricar material bélico. Así los alemanes explotaron esta mina entre 1900 y 1913 –preparándose para la 1ª Guerra Mundial- llevándose el mineral: esta mina estaba administrada por una subsidiaria de Krupp, una importante acería de Alemania.  Otro uso que se le da al tungsteno, más conocido por lo doméstico y cotidiano: el filamento de las bombitas de luz...

Esta mina se puede visitar en compañía del SEÑOR Enrique Giménez, hoy dueño de la concesión de la mina, pero su Gerente de Explotación durante muchos años: desde 1936 hasta mediados del ’50, la explotación estuvo a cargo de los americanos por razones estratégicas... Era la época del principio de la 2ª Guerra Mundial y, posteriormente, la de Corea. Claro, Enrique la conoce como pocos, y acompaña a los interesados a conocer el NIVEL 0, previo permiso a la Pachamama –Madre Tierra- y equipados con casco y capa -obligatorios-. El Nivel 0 es una galería de unos 200 metros de largo que se interna profundamente en la montaña siguiendo el caprichoso recorrido de la falla que contenía la veta de mineral, y es donde, al final del mismo, Enrique pide silencio y oscuridad totales... y, en ese silencio y oscuridad absolutos, en el que casi podemos escuchar la sangre circular por nuestras arterias-, recita, con voz tonante, la “Oda al Minero”... y se nos eriza la piel.

En esta mina trabajaron, en plena producción, unas 9000 personas, -un pueblo, casi una ciudad- mayormente bolivianos: por una parte estaban acostumbrados a las galerías del Cerro Rico de Potosí, y por otra, cortos de estatura, por ende, adaptables al capricho de las vetas...

Enrique pasa horas contando sus experiencias tan ricas en su “Parador Minero”, en La Toma, Capital Nacional del Ónix, ese mármol verde veteado... La mina fue su hogar... Allí conoció a su mujer y nacieron sus hijos... y la ama. Debe ser uno de los matrimonios privilegiados en que la mujer acepta totalmente a la otra mina... sin celos, aunque ambas son profundamente amadas por el mismo hombre. En este Parador, que es en realidad un Museo Mineralógico con un excelente restaurante, Marietta nos cuenta que su cosmética consistía en algo muy especial: en la mina se molía la piedra para extraerle el tungsteno... esta piedra traía componentes de mica que también quedaban molidos, se separaban por diferentes zarandeos y se hacían montañas de escoria... Las chicas de la mina que irían baile, se humedecían la cara con agua y luego se ubicaban “viento abajo”: al tirar puñados de escoria al aire, la brisa depositaba pequeñas partículas de mica en sus caras que después brillaban con las luces del salón de baile... Sabrán disculpar, señoras, por revelar este secreto de seducción, pero admiramos la inventiva...

Hasta nuestro próximo destino a compartir...

Nicolás Huffmann 

Aventurismo

 

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